«Silent Vectors»: IA y bioacústica para la vigilancia sanitaria de aves silvestres desde enfoque Una Salud
Los fiordos de la Patagonia constituyen uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta, pero enfrentan crecientes desafíos asociados a las actividades humanas y a las transformaciones ambientales del último tiempo. En este contexto, las aves marinas desempeñan un papel clave como conectores ecológicos entre distintos territorios y potenciales vectores de agentes patógenos que pueden afectar la salud de la fauna, los ecosistemas y las personas. Frente a este escenario, Fundación Kreen impulsa un proyecto en la Patagonia que combina inteligencia artificial y bioacústica para desarrollar un sistema de monitoreo de aves y alerta temprana bajo el enfoque de Una Salud.
Canquenes. ©Fundación Kreen
Existen diversas áreas con potencial riesgo para la transmisión de enfermedades, asociadas tanto a ambientes productivos —como centros de cultivo acuícola o instalaciones de producción avícola— como a ambientes naturales. En ambos tipos de entornos, las aves pueden actuar como vectores o reservorios de distintos agentes patógenos, favoreciendo su dispersión entre ecosistemas, especies animales y, potencialmente, hacia las personas. La atención suele centrarse en los sistemas productivos, mientras que el rol de las aves en sus ambientes naturales y las condiciones ecológicas que pueden favorecer la circulación de patógenos han sido mucho menos estudiados.
Fiordos patagónicos: interfaces ecológicas para la transmisión de patógenos
Los fiordos patagónicos son ecosistemas naturalmente pobres en nutrientes donde actividades como la salmonicultura, junto con procesos de erosión, pérdida de suelo y aporte de materia orgánica desde las cuencas, pueden incrementar significativamente la disponibilidad de alimento. Esto favorece la agregación de aves silvestres y aumenta las oportunidades de contacto entre especies, creando condiciones propicias para la transmisión, amplificación y dispersión de agentes infecciosos.
Chile es el segundo productor mundial de salmón y concentra cientos de centros de cultivo en los mismos fiordos donde anidan, se alimentan y transitan aves marinas generalistas, como las gaviotas. Debido a su capacidad para desplazarse entre ambientes intervenidos y naturales, estas especies podrían actuar como vectores de patógenos hacia otras aves que no necesariamente utilizan los centros de cultivo como áreas de alimentación.
Al mismo tiempo, estos fiordos constituyen el hábitat de especies con problemas de conservación, entre ellas el Quetro no volador (Tachyeres pteneres) y la Fardela blanca (Ardenna creatopus). Ambas catalogadas como amenazadas o casi amenazadas según el «Reglamento de Clasificación de Especies (RCE, 2026)«.
Fardela Blanca. ©Pablo Caceres Contreras
Salmonicultura, aves silvestres y salud ecosistémica
La salmonicultura puede alterar significativamente la calidad ambiental de las aguas costeras mediante la liberación de nutrientes, residuos orgánicos y compuestos químicos asociados a la producción (Naylor et al., 1998). En la Patagonia chilena, la industria utiliza y libera anualmente más de 350 toneladas métricas de antibióticos, contribuyendo a la presencia de estos compuestos en el ambiente marino. A ello se suma el aporte continuo de heces y alimento no consumido que escapa de las jaulas de cultivo, incrementando la carga de materia orgánica y nutrientes en ecosistemas naturalmente pobres en recursos.
Esta combinación de contaminación química y enriquecimiento orgánico constituye una presión ambiental que podría favorecer la aparición, persistencia y dispersión de bacterias resistentes a los antibióticos y otros agentes patógenos. En este contexto, investigadores de la Universidad Austral de Chile demostraron que las granjas de salmón del archipiélago de Chiloé están contribuyendo a la dispersión de bacterias resistentes a antimicrobianos (ARB) y de genes de resistencia a antibióticos (ARG). El estudio identificó evidencia de que el zarapito de pico recto (Limosa haemastica) puede transportar estas bacterias y genes de resistencia desde las costas de Chiloé hacia otros sitios a lo largo de su ruta migratoria, ampliando el alcance geográfico de este fenómeno (Navedo et al., 2021).
Estos resultados se suman a una creciente evidencia que reconoce a las aves como vectores biológicamente plausibles para la dispersión de agentes infecciosos, debido a su alta movilidad y capacidad para conectar ambientes ecológicamente distintos. Las aves pueden alimentarse en zonas influenciadas por actividades industriales y desplazarse posteriormente hacia ecosistemas de alto valor para la conservación, como el Santuario de la Naturaleza Meullín-Puye. Sin embargo, actualmente no existen sistemas de monitoreo activos que permitan evaluar de manera sistemática qué microorganismos o contaminantes biológicos están siendo transportados por estas especies, ni el potencial riesgo que ello representa para la biodiversidad local.
Centro de cultivo de salmón en estuario de Reloncaví, comuna de Cochamó, Región de Los Lagos, Chile. ©Jackripper11
Aves Migratorias y dispersión de enfermedades
Las aves migratorias cumplen un papel ecológico fundamental al conectar ecosistemas separados por miles de kilómetros mediante desplazamientos que realizan bajo condiciones ambientales extremas. Estos movimientos son procesos naturales que han moldeado los ecosistemas durante millones de años y permiten el intercambio de energía, nutrientes y biodiversidad entre distintos territorios. Sin embargo, en un contexto de creciente presión humana sobre los ambientes naturales, las alteraciones ecológicas pueden modificar los patrones de interacción entre especies y favorecer nuevas dinámicas de circulación de agentes patógenos.
La relevancia de comprender estos procesos quedó de manifiesto a inicios de abril de 2026, cuando el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) alertó sobre un nuevo brote de Influenza Aviar Altamente Patógena (IAAP), cepa H5N1, en la Región de Ñuble. Posteriormente, el 20 de abril, se confirmó un caso de IAAP en un ejemplar de caiquén (Chloephaga picta), especie silvestre nativa clasificada como Vulnerable (VU), detectado en la comuna de Chile Chico, Región de Aysén.
Proyecto Silent Vectors
Por un lado, la expansión de la industria salmonera en los fiordos patagónicos y el uso masivo de antibióticos y flujo de nutrientes, generan preocupación por sus efectos invisibles en la fauna silvestre. Por otro, la confirmación de casos de influenza aviar H5N1 en distintas regiones del país, evidencian un vacío crítico de monitoreo. Frente a este escenario, el equipo de la Fundación ha decidido combinar el trabajo de campo, sensores acústicos e inteligencia artificial para escuchar lo que hasta ahora no estaba siendo registrado. En este contexto surge Silent Vectors.
Este proyecto busca desarrollar un sistema automatizado de monitoreo ecológico y sanitario en la Patagonia chilena. La iniciativa se centra en estudiar aves marinas migratorias, que se desplazan entre centros de salmonicultura industrial y ecosistemas protegidos, bajo la hipótesis de que estas especies podrían estar transportando bacterias resistentes a antibióticos, contaminación biológica e incluso influenza aviar H5N1 entre distintos ambientes. Asimismo, se considerarán especies de baja movilidad, como el Quetro no volador, que habitan de forma permanente en la zona y podrían verse afectadas por la introducción y circulación de estos patógenos, actuando como indicadores del impacto sanitario sobre la fauna local.
Para ello, la Fundación comenzó a utilizar sensores acústicos instalados en el Santuario de la Naturaleza Meullín-Puye y posteriormente integró Perch v2 —un modelo de IA desarrollado por Google DeepMind capaz de reconocer miles de especies a partir de sonidos— con el objetivo de crear el primer inventario acústico completo de este santuario patagónico chileno y avanzar hacia un sistema de alerta temprana para enfermedades emergentes.
Avances
Desde noviembre de 2024, el proyecto comenzó a operar tres sensores acústicos BirdWeather PUC en el santuario, dispositivos capaces de grabar el paisaje sonoro de manera continua y analizarlo mediante inteligencia artificial. En sus primeros 14 meses de funcionamiento, estos sensores generaron más de 1.700 detecciones confirmadas de 21 especies, produciendo datos georreferenciados y con marcas de tiempo almacenados automáticamente en la nube. Sin embargo, el equipo necesitaba una herramienta más abierta, entrenable y científicamente reproducible.
Fue entonces cuando se incorporó Perch v2. A partir de este sistema, se construyó además una capa de geofencing o geocercado, técnica adaptada para restringir las detecciones de inteligencia artificial únicamente a especies que realmente habitan o migran por la Patagonia y la región de Aysén. Así, se seleccionó a 35 especies ecológicamente relevantes y se calibraron distintos umbrales de detección según el tipo de hábitat, lo que permitió ejecutar análisis masivos sobre miles de grabaciones del santuario.
Los resultados obtenidos demostraron el enorme potencial de la inteligencia artificial aplicada a la conservación. El análisis de 4.998 grabaciones permitió identificar 49.383 detecciones acústicas correspondientes a 35 especies distintas, incluyendo las seis especies centinelas definidas por el proyecto, es decir, especies especialmente sensibles a cambios ambientales y cuya presencia o ausencia permite evaluar el estado de salud de un ecosistema.
Entre ellas destacó el Quetro no volador (Tachyeres pteneres), una especie vulnerable y endémica que fue detectada 1.343 veces en zonas donde existen registros confirmados en terreno. También se registraron miles de detecciones de especies migratorias y marinas como el Albatros de Ceja Negra (Thalassarche melanophrys), el Pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus) y el Halcón Peregrino (Falco peregrinus), este último con casi cinco mil detecciones y altos niveles de confianza. Además, el uso del geofencing permitió reducir drásticamente los falsos positivos generados por sesgos del hemisferio norte, mejorando considerablemente la calidad de las detecciones en los fiordos patagónicos.
Este proyecto está recién comenzando. El objetivo futuro es integrar estas herramientas con monitoreo ecológico, vigilancia sanitaria y estudios sobre cambio climático, desarrollando sistemas automatizados capaces de apoyar la conservación de los ecosistemas australes durante las próximas décadas. Todo el trabajo será abierto y reproducible, con código y datos disponibles para la comunidad científica.
En una región donde los fiordos cambian más rápido de lo que el monitoreo tradicional puede registrar, este proyecto demuestra que la tecnología también puede convertirse en una aliada de la naturaleza: una manera de escuchar, comprender y proteger el extremo sur del planeta antes de que muchas de sus voces desaparezcan.
Referencias:
González-Acuña, D., Llanos-Soto, S. (2019). Una revisión sistemática de los patógenos virales y bacterianos de aves silvestres en Chile. Corci Zoonosis.
Molnár, K. (1989). Fish disease problems related to birds. En: Report of the EIFAC Working Party on Prevention and Control of Bird Predation in Aquaculture and Fisheries Operations (FAO).
Navedo, J., Araya, V., & Verdugo, C. (2021). Upraising a silent pollution: Antibiotic resistance at coastal environments and transference to long-distance migratory shorebirds. Science of The Total Environment, 777. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0048969721010718?dgcid=author
Naylor, Rosamond & Goldburg, Rebecca & Mooney, Harold & Beveridge, Malcolm & Clay, Jason & Folke, Carl & Kautsky, Nils & Lubchenco, Jane & Primavera, Jurgenne & Williams, Meryl. (1998). Nature’s Subsidies to Shrimp and Salmon Farming. Science. 282. 883-884. 10.1126/science.282.5390.883.