“Glaciares, aguas que vienen de lejos”: consigna guía del trabajo de la Fundación durante 2026

En su constante circulación y transformación, el agua actúa como un hilo conductor que atraviesa grandes y complejos ecosistemas. Es, en este sentido, un elemento vital que conecta todo: lo vivo y lo no vivo. Desde las grandes masas de hielo en la cordillera hasta las pequeñas moléculas que se encuentran dentro de cada uno de los seres vivos que habitan la Tierra, las aguas nutren, modelan y estructuran.

Ya sea en forma de glaciares, ríos, turberas u océanos, el agua no sólo esculpe el paisaje, sino que también constituye la base de todo organismo vivo. Como señala la etnobotánica Robin Wall Kimmerer el Sphagnum o musgo de turbera, por ejemplo, no solo crece en estos humedales, sino que los crea (Reserva de Musgo, 2023), dejando entrever la interconexión entre los elementos de la naturaleza. En una turbera el musgo no es nada sin las aguas y las aguas nada sin el musgo.

Musgo Sphagnum observado al microscopio. Se aprecian los espacios celulares por donde el agua circula y se mueve a través del musgo, entre distintos individuos y en interacción con el entorno.

Las turberas, además, son en cierto modo archivos vivos de una historia mucho más antigua que ellas mismas. Su origen remite al final de las grandes glaciaciones, cuando el retroceso de los hielos dejó depresiones saturadas de agua donde comenzó a acumularse lentamente la materia orgánica. Allí, el musgo encontró las condiciones necesarias para expandirse y, capa tras capa, transformar antiguos paisajes glaciares en humedales capaces de retener memoria, carbono y vida. 

Así, las aguas enlazan a los seres vivos y los ecosistemas en un proceso continuo de intercambio y reciclaje. ¿Te has puesto a pensar que en esta dinámica es probable que nuestro propio cuerpo porte las aguas de otras épocas y lugares?, ¿que nuestras venas transportan agua que hace miles de años fue glaciar?

 

Turberas presentes en en Santuario de la Naturaleza Meullín-Puye.

En Patagonia el agua está presente en las montañas, en el rocío de la mañana sobre las plantas, en los hongos, las aves y tantos otros animales, en el vaivén de lo cotidiano. Puerto Aysén, sin ir más lejos, es una ciudad-humedal, asentada sobre suelos anegados que resguardan la memoria del deshielo. Esta omnipresencia de este elemento vital y constitutivo nos ha llevado a elegir la consigna que guiará el trabajo de Fundación Kreen a lo largo de todo 2026: “Glaciares, aguas que vienen de lejos”

A partir de aquí, se propone explorar la historia de estas enormes y antiguas masas de hielo –verdaderas escultoras de la geografía patagónica– y comprender el papel fundamental de las aguas que de ellas emergen. Buscamos relevar ese tejido de relaciones invisibles entre especies, territorios y formas de vida que el agua une desde cordillera a mar.

La propuesta es explorar estas aguas en todas sus dimensiones y recorridos: en lo macro y en lo micro; en sus múltiples vidas —pasadas, presentes y futuras—; en sus diversas formas, como glaciares, ríos y otras cuencas hídricas, así como su presencia en animales, plantas y hongos; y en sus incesantes transformaciones.



La consigna que guiará el trabajo de Fundación Kreen a lo largo de todo 2026: “Glaciares, aguas que vienen de lejos”.

En este marco, uno de los programas en desarrollo este año investiga las propiedades medicinales de la flora nativa del Santuario de la Naturaleza Meullín-Puye. En él se entiende que estas plantas son una expresión viva de las aguas que recorren este territorio, las que, en su trayecto, nutren, transforman y configuran el valor medicinal de estos ecosistemas.

En esta misma línea, el programa Silent Vectors, que emplea tecnologías acústicas para construir el primer inventario sonoro de aves del Santuario, entiende a las especies migratorias como vectores biológicos. Al desplazarse entre fiordos intervenidos y ecosistemas prístinos, las aves revelan el flujo de las aguas y como éstas conectan territorios y transportan microorganismos, nutrientes y potenciales patógenos como la influenza aviar H5N1 que hoy nos afecta.

Asimismo, aunque de forma menos evidente, el proyecto Rastros de ADN, cuyo objetivo es caracterizar la dieta y detectar la presencia de patógenos en el visón americano dentro del Santuario, se vincula a este enfoque al abordar el papel del agua como eje de conexión ecológica. En este sentido, el estudio del visón resulta especialmente relevante, ya que esta especie podría moldear los ecosistemas acuáticos –y la vida que se desarrolla en torno al agua– mediante sus interacciones tróficas y su influencia sobre distintas comunidades biológicas.

Las líneas de investigación científica pensadas para trabajar durante este año abordan de alguna u otra forma a las aguas, como un elemento vital que conecta todo: lo vivo y lo no vivo.

Ahora bien, este hilo conductor que representa las vidas del agua no se limita al ámbito científico, sino que se abre también a las humanidades y las artes. Es en ese cruce interdisciplinario donde la conservación se entiende como una práctica viva y situada. A esto, se suma el rol de la comunidad, sin ella, cualquier esfuerzo de conservación pierde sentido. Son las personas quienes habitan y cuidan estos territorios. Por esta razón, el trabajo de la Fundación busca, ante todo, acompañar y fortalecer el vínculo entre las personas con este patrimonio natural y cultural presente en la región. 

Así, en lo que respecta al área de vinculación territorial, destacan iniciativas como el Festival de Cine, Naturaleza y Arte Kreen (FECINART Kreen), junto a su Taller de Creación Audiovisual para jóvenes de Puerto Aysén, y la conmemoración del Día de las Turberas, que celebraremos con la primera versión del Pomp-on: una jornada de música y creación artística orientada a la conservación de estos humedales. 

Te invitamos a explorar, junto a nosotros, las múltiples vidas del agua, desde los glaciares hasta el mar.