«Sendero Vivo»: caminatas para la convivencia multiespecie

Entrar al bosque supone cambiar de ritmo. En él se descubre una trama de texturas, aromas y sonidos que despierta los sentidos y nos invita a estar presentes. Esta conexión sensorial, propia de los baños de bosque, inspira «Sendero Vivo», un programa desarrollado desde 2025 por el área de Gestión de Especies Introducidas de la Fundación. El programa, orientado desde el enfoque de Una Salud, busca fortalecer el vínculo de los habitantes de Aysén con la naturaleza.

La iniciativa nació a partir de una preocupación cada vez más evidente: la creciente distancia entre las personas y los entornos naturales, especialmente en contextos urbanos. En general, las personas pasan una buena parte de su vida en espacios cerrados, frente a pantallas o en ambientes donde el contacto cotidiano con la biodiversidad es limitado. Y aunque en Aysén la naturaleza está en todas partes, su presencia puede volverse tan cotidiana que termina pasando inadvertida. Esta desconexión no solo modifica la manera en que conocemos y valoramos el territorio, sino que también influye en nuestro bienestar físico y emocional.

Así, «Sendero Vivo» busca responder a esta realidad mediante experiencias directas en la naturaleza. Su objetivo es contribuir a mejorar la salud integral de niños, niñas, jóvenes y adultos a través de una reconexión sensorial y experiencial con los bosques, promoviendo el bienestar físico y emocional y, al mismo tiempo, una relación de respeto, cuidado y protección hacia la biodiversidad y los ecosistemas. 

Baños de bosque

El programa se inspiró en los baños de bosque, conocidos en Japón como shinrin-yoku. Esta práctica propone una inmersión consciente en entornos naturales: no se trata simplemente de caminar por un sendero, sino de estar presentes en él. Es decir, de escuchar, respirar, tocar, observar y percibir con atención. 

Diversos estudios han señalado que este tipo de interacción en y con la naturaleza puede favorecer la salud fisiológica y psicológica. Entre sus posibles beneficios se encuentran la disminución del estrés, la reducción de los niveles de cortisol y adrenalina, la mejora del estado de ánimo y la concentración, el fortalecimiento del sistema inmunológico y la disminución de la ansiedad y la fatiga mental. Parte de estos efectos se asocia a las fitoncidas, compuestos volátiles liberados por los árboles que las personas inhalan al respirar el aire del bosque.

Sin embargo, los beneficios de esta práctica no se limitan al bienestar individual. El contacto directo y significativo con la naturaleza también puede fortalecer el sentido de responsabilidad hacia los ecosistemas. Aquello que se conoce, se observa y se experimenta de manera cercana deja de ser una idea abstracta. El bosque comienza a percibirse como un sistema vivo, del que dependemos y del cual también formamos parte.

Esta idea es especialmente relevante en un contexto de crisis ambiental y pérdida acelerada de biodiversidad. La degradación de los ecosistemas no solo implica la desaparición de especies, también supone la pérdida de servicios ecosistémicos esenciales para la vida humana, como la regulación del clima, la purificación del agua, la conservación de los suelos, la prevención de enfermedades zoonóticas y la protección de la diversidad biológica. A esto se suma el desconocimiento que muchas veces existe sobre la flora, fauna y funga nativa, sobre su importancia ecológica y sobre el papel que cumplen los bosques en la salud ambiental, humana y animal. 

Una Salud: una mirada integral

El programa se desarrolla desde el enfoque Una Salud, que reconoce que la salud de las personas, los animales, las plantas y los ecosistemas está profundamente interrelacionada. Desde esta perspectiva, no es posible pensar el bienestar humano de manera aislada. Una comunidad requiere agua limpia, aire saludable, suelos fértiles, diversidad biológica y ecosistemas capaces de mantener sus ciclos naturales. Del mismo modo, las acciones humanas tienen efectos directos sobre la salud del territorio y sobre las especies que lo habitan.

«Sendero Vivo» se propuso llevar esta reflexión a una escala concreta y cotidiana. Al observar un bosque, reconocer sus especies y experimentar los beneficios de permanecer en él, se vuelve más evidente que cuidar la naturaleza también significa cuidar la salud de las comunidades. De esta forma, se entiende que la educación ambiental no consiste únicamente en transmitir información, sino también en crear experiencias capaces de transformar la relación de las personas con su entorno.

Caminatas en Bosque del Oro Verde

Durante 2025 y 2026, el programa «Sendero Vivo» ha desarrollado jornadas de inmersión consciente en el Sendero Bosque del Oro Verde, ubicado en el sector El Tabo, a 19 kilómetros de Puerto Aysén. Este entorno representa un espacio de gran valor natural y patrimonial para la comuna, pues alberga especies nativas características de los bosques templados y forma parte de la historia natural, el arraigo y el sentido de pertenencia de quienes habitan el territorio.

A lo largo de los recorridos realizados se han propuesto ejercicios de respiración consciente, escucha profunda, observación del microbosque y reconocimiento de texturas y aromas. También, momentos de contemplación y silencio, en los que cada participante ha podido relacionarse con el entorno desde su propia experiencia. En una de estas jornadas, se usaron lupas y microscopios para observar distintas especies y elementos del micromundo del bosque y en otra, se degustó infusiones de salvia y tepa. 

Todas estas actividades permiten descubrir la flora, fauna y funga presentes en el sendero, no solo desde una perspectiva científica, sino también desde sus dimensiones cultural, sensorial y emocional. Observar los detalles del suelo, reconocer los aromas de las plantas y escuchar atentamente los sonidos del entorno ayuda a ampliar la percepción de los participantes. 

«Sendero Vivo» continúa abriendo espacios para reencontrarse con el territorio a través de los sentidos. Cada nueva jornada invita a reconocer la naturaleza como un lugar de aprendizaje, bienestar, identidad y encuentro. Volver al bosque es, también, comprender que nuestra salud y la de los ecosistemas forman parte de una misma trama de vida.

Referencias:

Chapin, F. S., III, Kofinas, G. P., & Folke, C. (2011). Principles of Ecosystem Stewardship: Resilience-Based Natural. Resource Management in a Changing World. Springer.

Hansen, M. M., Jones, R., & Tocchini, K. (2017). Shinrin-Yoku (Forest Bathing) and Nature Therapy: A State-of-the-Art. Review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 14(8), 851. https://doi.org/10.3390/ijerph14080851

Ives, C. D., Giusti, M., Fischer, J., Abson, D. J., Klaniecki, K., & Dorninger, C. (2017). Human–nature connection: A multidisciplinary review. Current Opinion in Environmental Sustainability, 26, 106–113. https://doi.org/10.1016/j.cosust.2017.05.005

Li, Q. (2010). Effect of forest bathing trips on human immune function. Environmental Health and Preventive Medicine, 15, 9–17. https://doi.org/10.1007/s12199-008-0068-3

Park, B. J., Tsunetsugu, Y., Kasetani, T., Kagawa, T., & Miyazaki, Y. (2010). The physiological effects of Shinrin-yoku (taking in the forest atmosphere or forest bathing): evidence from field experiments in 24 forests across Japan. Environmental Health and Preventive Medicine, 15, 18–26. https://doi.org/10.1007/s12199-009-0086-9

Restall, B., & Conrad, E. (2015). A literature review of connectedness to nature and its potential for environmental management. Journal of Environmental Management, 159, 264–278. https://doi.org/10.1016/j.jenvman.2015.05.022