Plantas nativas y compuestos bioactivos: un estudio científico y cultural desde la Patagonia, Aysén
Fundación Kreen, a través de su Coordinación de Ecosistemas Terrestres, está desarrollando un proyecto que investiga las propiedades medicinales de la flora nativa del Santuario de la Naturaleza Meullín-Puye. Esta iniciativa busca ofrecer una primera aproximación a cómo se acumulan compuestos naturales con potenciales medicinales en áreas protegidas remotas de la Patagonia. Para ello, el estudio combina dos fuentes de conocimiento complementarias: la sabiduría de la comunidad local y la evidencia científica.
Las plantas forman parte de uno de los reinos más antiguos del planeta. Han atravesado eras geológicas completas, presenciando la evolución y extinción de especies, la erupción de volcanes y la transformación de los continentes. Han sido protagonistas en la construcción de un mundo habitable. Gracias a ellas respiramos, nos alimentamos, nos vestimos e incluso obtenemos gran parte de la energía que hoy sostiene diversas tecnologías. En ese sentido, las plantas pueden entenderse como verdaderas maestras de la vida: organismos capaces de crear su propio alimento y estructura, mientras sostienen, al mismo tiempo, las condiciones que hacen posible la vida de innumerables especies, incluida la nuestra.
En lugares remotos y poco intervenidos, este rol adquiere una dimensión aún más fascinante. El Santuario de la Naturaleza Meullín-Puye se presenta como un verdadero laboratorio natural, con el potencial de albergar especies, genes y compuestos aún desconocidos para la humanidad. Aquí, las plantas —junto a otros organismos como los líquenes— han desarrollado sustancias químicas únicas para adaptarse a condiciones ambientales específicas, muchas de las cuales tienen propiedades medicinales. Sin embargo, aunque existe cierto conocimiento sobre la flora local, en zonas remotas de la Patagonia, en términos de compuestos bioactivos o fitoquímicos, el conocimiento aún es limitado o simplemente no existe.
En este contexto, la Fundación, a través de su Coordinación de Ecosistemas Terrestres, está llevando adelante un proyecto que busca profundizar en el estudio de los fitoquímicos o compuestos bioactivos y sus posibles aplicaciones medicinales de bajo riesgo. Estas sustancias cumplen funciones clave para la planta, como defenderse de plagas, enfermedades o condiciones ambientales adversas, pero también pueden tener propiedades beneficiosas para la salud humana, actuando como antioxidantes o antiinflamatorios, por ejemplo.
La iniciativa combina la sabiduría de la comunidad local con la investigación científica, abriendo una nueva puerta para comprender y valorar el conocimiento que resguardan estos ecosistemas. Así, se han seleccionado plantas con potenciales sustancias bioactivas presentes en plantas vasculares o leñosas, como las nalcas o el michay, también en plantas no vasculares o briófitas, como los musgos, y en otros organismos como los líquenes.
La primera etapa del trabajo se realizó durante este verano (2026), e incluyó la recolección de muestras de distintas especies dentro del Santuario Meullín-Puye, las que posteriormente serán analizadas por el Laboratorio de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello. Durante este año, el proyecto avanzará hacia el análisis del perfil fitoquímico completo de cerca de 20 plantas nativas, generando información científica clave sobre su potencial medicinal. Entre las especies seleccionadas se encuentran el ciprés de las Guaitecas, el chapel, el musgo Sphagnum, una planta poco común del género Hebe, un helecho (Sticherus sp.) y dos especies de líquenes, todas representativas de la diversidad y singularidad del Santuario.
Por otra parte, este estudio también busca aportar al reconocimiento y fortalecimiento del conocimiento tradicional sobre el uso de plantas medicinales. En un contexto de creciente urbanización, la herbolaria tiende a fragmentarse y, muchas veces, a perder su profundidad cultural. Frente a ello, el proyecto incorpora una línea de trabajo orientada a recopilar usos tradicionales mediante encuestas y trabajo en terreno, rescatando saberes que han sido transmitidos de generación en generación y que forman parte del patrimonio vivo de las comunidades locales.
El valor de este proyecto radica precisamente en su capacidad de abordar, de manera simultánea, dos dimensiones que suelen avanzar por separado: la científica y la del conocimiento local. Por una parte, la investigación busca generar evidencia que permita respaldar y fortalecer los usos, cuidados y saberes asociados a las plantas medicinales nativas en la comunidad de Aysén. Por otra, el trabajo en terreno y la interacción con las comunidades permiten que el conocimiento científico trascienda los espacios académicos y se haga accesible y significativo para quienes habitan el territorio.
En este sentido, el potencial químico del Santuario no solo representa una oportunidad para la ciencia, sino también una herramienta para que la comunidad reconozca, valore y utilice de manera informada los recursos disponibles en su entorno, especialmente en las cercanías de Puerto Aysén. Así, lo social y lo científico no se presentan como ámbitos separados, sino como dimensiones profundamente interconectadas que se enriquecen mutuamente.
Como parte del cierre del proyecto, los resultados de los análisis fitoquímicos y del levantamiento de información en terreno serán compartidos a través de charlas y talleres abiertos a la comunidad. Estas instancias abordarán temas como la fitoquímica, el reconocimiento de especies y el uso responsable de plantas nativas, así como también la biodiversidad local como parte de un atributo importante del Santuario. Además, se desarrollará un botiquín artesanal con extractos de plantas para uso personal, dirigido a un grupo de participantes, junto con la entrega de material educativo que incluirá recomendaciones para evitar la sobre-recolección y promover prácticas de uso seguras y sostenibles.
De esta manera, el proyecto no solo busca generar conocimiento, sino también devolverlo al territorio, fortaleciendo el vínculo entre las personas y las plantas, y promoviendo una relación más consciente y respetuosa con los ecosistemas que sostienen la vida.