De cordillera a valle, los glaciares como fuente de vida en Patagonia
19 de marzo de 2026Hace decenas de miles de años, cuando el clima del planeta era mucho más frío y las estaciones no se parecían a las que hoy conocemos, enormes nevadas cubrían la superficie terrestre. La nieve acumulada en capas cada vez más densas, se comprimía bajo su propio peso, expulsando el aire atrapado y transformándose lentamente en hielo compacto, es decir, en glaciares.
Con el tiempo, la gravedad puso en movimiento a esas masas heladas, que comenzaron a descender por las laderas, abriéndose paso entre montañas y valles. La dinámica del hielo dio lugar a fiordos, lagos, humedales y otras cuencas hídricas. Estas fuentes de agua posibilitaron, a su vez, los recursos para que proliferara la biodiversidad en las áreas periglaciares y valles.
En Patagonia, la vida en los valles es consecuencia directa de lo que sucede en las zonas altas y frías de los Andes australes. La dinámica del hielo no solo ha dado forma a la geografía, sino también, de su progresivo y lento deshielo han nacido bofedales, humedales altoandinos saturados de agua con vegetación hidrófita y acumulación de turba; también tundras donde la vida vegetal se limita a los musgos, líquenes y arbustos bajos. Los ríos, que bajan hasta los valles ofreciéndo una biodiversidad única, son también parte de este proceso glacial.
La zona periglaciar es especialmente rica gracias a las cuencas hídricas formadas por los procesos glaciares. En este entorno, los bosques se cubren de lengas, coigües y ñirres, que brindan refugio a especies como el carpintero negro y el emblemático huemul. Más abajo, en los valles, los seres humanos también se benefician de las bondades de los glaciares: acceso a agua dulce y reducción del riesgo de desastres naturales, como inundaciones y deslizamientos de tierra. Para las comunidades locales, estas aguas son fuente de vida y también parte de la memoria cultural.
Glaciares en cifras
En los glaciares se concentra cerca del 70% del agua dulce del planeta, razón por la que su conservación es de importancia global. Su rápido retroceso actual no sólo acelera el aumento del nivel del mar, sino que también altera los ecosistemas, reduce la disponibilidad de agua para millones de personas y afecta la estabilidad climática en todas las regiones de la Tierra.
En este sentido, Chile es un territorio especialmente privilegiado, pues la mayor cantidad de glaciares en toda América del Sur se encuentra dentro del territorio nacional, lo que equivale a aproximadamente el 80%. La marcada presencia de estos enormes cuerpos de hielo a nivel nacional es la razón por la que el 21 de marzo se ha conmemorado como el día nacional de los glaciares, una efeméride que busca recordarnos la urgencia de proteger estas enormes masas de hielo.
Dentro de Chile, es la región de Aysén la que alberga la mayor cantidad de glaciares: 10.301 (Inventario de glaciares, 2022). Esto equivale a cerca del 39% de los glaciares del país. Lo anterior hace aún más especial este territorio, donde la geografía, disponibilidad de agua y biodiversidad está en estrecha relación con la presencia de estas antiguas masas de hielo.
Los glaciares cubren hoy cerca del 10% de la superficie terrestre, pero su extensión disminuye a un ritmo acelerado debido al aumento de las temperaturas globales, las emisiones de CO₂ y el calentamiento de los océanos. Este retroceso, documentado a lo largo del siglo XX y aún más evidente en las últimas décadas, es una de las señales más claras del cambio climático global. Al derretirse, los glaciares dejan de cumplir su rol como reservas críticas de agua dulce e indicadores de la salud del planeta.
Las consecuencias son profundas: pérdida de hielo, aumento del nivel del mar, que podría elevarse decenas de metros (si se derritiera todo el hielo continental); desastres naturales como inundaciones y deslizamientos; alteración de los patrones climáticos, etc. Además, la pérdida del hielo amenaza la supervivencia de especies adaptadas a ambientes fríos, acelerando una pérdida de biodiversidad que repercute en toda la Tierra.
Los glaciares son, así, símbolos de resiliencia y testigos milenarios de los grandes cambios que ha sufrido el planeta. La biodiversidad y la fisonomía de los distintos territorios, son parte de la huella visible de ese antiguo y persistente trabajo del hielo, que hoy se encuentra en peligro.
Por la protección de los glaciares en la región de Aysén
El monitoreo de los glaciares en la Patagonia chilena ha estado marcado por intentos pioneros, pero también por la falta de continuidad. La creación del Parque Nacional Bernardo O’Higgins –área protegida más grande de Chile y una de las más grandes del mundo– es una declaración del Estado para el cuidado y la investigación de los glaciares (Campo de Hielo Sur, Campo de Hielo Dr. Juan Bruggen y Campo de Hielo Patagónico) y otros objetos de conservación.
Iniciativas de investigación como las impulsadas por CONAF y organizaciones de conservación en lugares remotos como Puerto Edén (hoy abandonada) han demostrado la importancia de estudiar el hielo en terreno, pero también han evidenciado las enormes dificultades logísticas y la ausencia de un compromiso sostenido en el tiempo por parte del Estado de Chile. Hoy, vastas áreas glaciares y ecosistemas asociados permanecen sin observación constante ni resguardo efectivo. La inaccesibilidad de estos territorios, sumada a la escasa fiscalización, deja espacio a prácticas dañinas para la biodiversidad.
Frente a este escenario, la ciencia y las comunidades locales de Aysén tienen un papel clave para llenar el vacío dejado por la ausencia de monitoreo estatal. El avance de nuevas tecnologías como los satélites, drones y sensores remotos permite observar los cambios en los glaciares incluso en zonas de difícil acceso, mientras que el conocimiento local aporta la experiencia y cercanía necesarias para comprender un territorio tan vasto y dinámico.
Proyectos comunitarios de conservación, junto con la labor de universidades y centros de investigación, pueden generar redes de vigilancia y protección que integren a pescadores, navegantes y habitantes de fiordos y riberas. Así, la defensa de los glaciares se convierte no solo en una tarea científica y de Estado, sino también en un compromiso colectivo de la comunidad, que reconoce en los glaciares la base de la vida, la identidad y el futuro de la región.
Referencias
Fundación Glaciares Chilenos. (2026). ¿Cuántos glaciares hay en Chile?. https://www.glaciareschilenos.org/cuantos-glaciares-hay-en-chile/
Pellicciotti, F., Ragettli, S., Carenzo, M., & McPhee, J. (2014). Changes of glaciers in the Andes of Chile and priorities for future work. The Science of the Total Environment, 493C(2014), 1197–1210. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2013.10.055
Rivera, A. (2026). Campos de hielo sur. Laboratorio de Glaciología. https://glaciologia.cl/glaciares/zona-austral/campo-de-hielo-sur/
Tarbuck, E. & Lutgens, F. (2005). Ciencias de la Tierra, una introducción a la geología física. Pearson.